Exit Britannia

Por Janet Sloss

BONAVENTURA
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Capitulo 4

EXIT BRITANNIA

La Ultima Conquista de Menorca 1798 - 1802

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  Capitulo 1 Capitulo 5 Capitulo 9
Introduccion Capitulo 2 Capitulo 6 Capitulo 10
Agradecimientos Capitulo 3 Capitulo 7 Capitulo 11
Bibliografia Capitulo 4 Capitulo 8 Capitulo 12

Capitulo 4

Los ingleses no perdieron un instante y se pusieron a remediar el mal estado de los asuntos de la isla. Charles Stuart, a sus cuarenta y cinco años, ya tenía fama de buen administrador y diplomático así como de dirigente de hombres. Sus primeras medidas después de apoderarse de la isla restauraron con firmeza el sello británico en el lugar. El Ministerio de la Guerra de Londres estaba muy familiarizado con los problemas de la isla, tanto políticos como económicos e inmediatamente después de tomarla, Stuart escribió al Secretario de la Guerra en Londres: "observará por la capitulación que le he liberado completamente de los acuerdos políticos y religiosos que coartaban continuamente al gobierno británico y ocasionaban disputas sin fin cuando la isla estuvo antes de nuestro poder. Los Menorquines, habituados a cambiar de amo, nos evitaban completamente hasta que percibieron nuestro avance e incluso entonces se mantuvieron distantes hasta cierto punto y eran, pienso, indiferentes al desenlace de la contienda. Como prueba de su indiferencia, los campesinos empleados por los españoles en la reparación del camino principal (el Camino de Kane) para su avance de Mahón a Ciudadela, siguieron con su trabajo en el seno del ejército británico, con fría compostura y perseverancia".

Stuart, después de echar una rápida ojeada a la situación de la isla y de su gente, decidió reorganizar las finanzas manteniendo los métodos de gobierno locales. Mantuvo a raya a la iglesia católica y cambió el nombre del castillo de San Felipe, o lo que quedaba de él, que pasó a llamarse Fuerte Jorge, en honor del Rey de Inglaterra.

Como Stuart era ahora comandante en jefe de las fuerzas navales de Inglaterra en todo el Mediterráneo, nombró Mayor General a Sir James St. Clair Erskine para supervisar los asuntos de Menorca como Gobernador, pero bajo su propia dirección. Las primeras medidas de Erskine, el 30 de noviembre, fueron solicitar a las cuatro ‘universidades’ de la isla que le presentaran la cuenta exacta de los impuestos recogidos durante los últimos tres años, el método de recaudarlos y cómo se había gastado el dinero, qué impuestos pagaba la isla al rey, una cuenta del producto general de los últimos tres años junto con el beneficio del comercio del brandy y cómo se había gastado y por último, una cuenta por trimestres de los precios del pan, carne, vino y otras provisiones de los últimos tres años. 1

Cuando Stuart examinó las cuentas, las encontró incompletas y poco precisas y dos semanas más tarde dijo a las ‘universidades’ que sus retrasos eran inadmisibles y que quería las cuentas correctas en tres días. Esta vez las presentaron.

Charles Stuart tenía por esta época grandes dolores, producidos seguramente por una herida y no podía utilizar su mano derecha. Pero incluso así, preparó un resumen completo de las causas de la pobreza de Menorca, examinando los graves abusos de autoridad tanto de los consejeros como del clero local. 2

Las lámparas de aceite ardían hasta bien entrada la noche y la mano del secretario se agarrotaba de tanto escribir pero para abril de 1799, Stuart publicó un decreto, indicando los abusos y anunciando una nueva constitución para la isla. "Habiendo sopesado con seriedad y madurez el estado actual del gobierno, leyes y costumbres de Menorca y habiendo consultado sobre su producto y la aplicación de las rentas públicas, observo, con infinito pesar que el auténtico espíritu de la constitución está minado por la negligente conducta de las universidades que le privan de su fuerza, que los ingresos anuales no igualan a los gastos y que la gente vive agobiada por las deudas y los impuestos exorbitantes, que se aplican de manera no equitativa y se recaudan sólo parcialmente".

El resultado de esta situación era la falta de fondos para comprar trigo urgentemente para el pan diario de los habitantes. Por lo tanto, el comandante en jefe "considera urgente hacer algunas alteraciones en la constitución para devolverle su energía original y vigor y autoridad a las leyes. Los eclesiásticos y conventos contribuirán a los costes del estado y la gente disfrutará de una fiscalidad justa e imparcial; … los beneficios obtenidos con estas normativas harán que las cuentas enviadas por las diferentes universidades sean absolutamente correctas con una posible reducción de impuestos, creando fondos para cubrir las enormes deudas, y dando a la gente de Menorca el derecho a examinar las entradas y salidas de su dinero público. Estas nuevas normativas serán distribuidas a todos los términos. Las normativas quedan establecidas. Firmado: General Charles Stuart, plenamente autorizado por Su Majestad para dirigir los asuntos civiles de la Isla de Menorca". Como escribió el historiador menorquín, Hernández Sanz: "como otro Kane, se dedicó a la mejora y bienestar de Menorca". 3

Como anexo al decreto estaban las deudas de las ‘universidades’ en aquella época: Mahón: 117.806 libras; Ciudadela: 78.221 libras; Mercadal: 26.352 libras; Alaior: 21.861 libras, por un total de 244.241 libras. También se incluían listas de los habitantes según las ‘antiguas’clases, el derecho del gobernador a elegir o rechazar consejeros mediante las viejas normas de ‘insaculación’ (sacar los nombres de los candidatos de una saca), frecuencia de las reuniones del consejo, deberes del almotacén (inspector local) para evitar el fraude, los precios elevados y los pesos y medidas irregulares. Stuart canceló los salarios de los consejeros que habían sido pagados con los impuestos públicos. En cambio, recibirían una medalla de oro, emitida por Jorge III, para que la llevaran al cuello con una cinta azul, mientras durara su cargo. (Stuart pidió las medallas a Inglaterra con dinero ahorrado por la Cámara del Almirantazgo). Los secretarios del ayuntamiento recibirían una renta fija sin emolumentos extra y los monjes recibirían 400 duros de pensión anual. Los eclesiásticos pagarían impuestos aunque a una tarifa reducida. La contribución territorial sería reducida del ocho al tres por ciento.
Las deudas de las ‘universidades’ serían instantáneamente canceladas por el nuevo método contable de Stuart, devolviendo los atrasos poco a poco y formando un fondo de reserva. Los recaudadores de impuestos tendrían de ahora en adelante que entregar la mitad del dinero en la fecha de vencimiento y la otra mitad en dos meses y si no se pagaban los impuestos, se confiscaban los bienes del deudor.

Justo siete meses después de los cambios de Stuart en el sistema fiscal, una declaración pormenorizada del tasador, Nicolás Orfila, demostraba un cambio completo en el estado de los fondos de las ‘universidades’. En Ciudadela, una vez pagados los gastos, había 69 libras en tesorería y en Alaior, tenían un excedente de 442 libras para pagar atrasos y aumentar el fondo para grano y contingencias – "un precedente como no se había visto nunca". Mercadal tenía 304 libras en sus arcas. Aparte de estos signos positivos, el impuesto sobre los bienes raíces era _ menor en Mahón y Ciudadela, 1/3 menor en Alaior y 1/5 menor en Mercadal. Charles Stuart había logrado lo que ningún otro gobernador inglés había logrado antes. Esto debió parecer un milagro para el menorquín medio aunque no para los consejeros que perdieron sus trabajos o salarios o para el clero que se veía obligado a pagar impuestos por primera vez.

Stuart envió un informe completo al Ministerio de Guerra en Londres describiendo los abusos en el gobierno local y cómo los había tratado. Puso en marcha inmediatamente los diversos tribunales de justicia, abolió el supuesto derecho que reclamaban las universidades de no ser responsables ante el gobierno y les obligó a dar cuenta de los asuntos públicos, "…sin embargo, era tal la confusión de sus libros y la imprecisión de sus contables que, tras una minuciosa investigación, sólo se lograba saber que a las personas se les cobraba en impuestos un tercio de sus bienes, sin contar el pago de diezmos a la iglesia y otros gastos, el pago de intereses de deudas contraídas en antiguas disputas entre las diversas universidades para llevar sus casos ante los tribunales de Londres o Madrid pero principalmente a cuenta de procesos seguidos, si no entablados, con objeto de mantener a abogados necesitados". Cuando las ‘universidades’ y el clero se quejaron de las reformas de Stuart, éste contestó simplemente que su rey tenía autoridad por ‘derecho de conquista’.

Ciudadela había reclamado el poder de gobernar sobre los otros términos en lo que se refería a los intereses colectivos de la isla y había amasado deudas que cargaba a las cuentas públicas. Pero su peor falta en opinión de los ingleses había sido conspirar con España para desposeer a los ingleses de la isla en 1782, con el resultado de la demolición del Castillo de San Felipe y haber conseguido un obispo de su "propia ciudad y facción". Stuart estaba seguro de que seguiría conspirando contra los Ingleses y anuló su autoridad aunque con un toque de diplomacia. "La universidad de Ciudadela permanecía en silencio, pero entendiendo que los jurados se refrenaban de seguir adelante conscientes de su culpa y por miedo al castigo, consideré prudente conferirle a uno de los principales responsables de los agravios, el único beneficio vacante, haciéndoles ver de ese modo que aunque los individuos implicados en los antiguos asuntos hostiles eran bien conocidos, el gobierno de Su Majestad era magnánimo y deseaba combinar los intereses de esa universidad con las medidas que se adoptaran por el bien general del país".

Stuart sustituyó a los consejeros incompetentes por hombres "de gran capacidad y responsabilidad" y sometió sus medidas al escrutinio público. "Estos vínculos esenciales entre la gente y sus representantes forman una seria barrera contra el fraude futuro; … y como los ingresos patrimoniales están sujetos a la misma publicidad y examen, las ventajas resultantes para el país por estos cambios son demasiado evidentes para admitir ninguna queja. He sido escrupulosamente cauto para no inmiscuirme en las leyes o cambiar los nombres de los cargos".

En interés de la ley y el orden, Stuart ordenó a las ciudades dividirse en distritos, nombrando magistrados para cada distrito; y la gente del país se agrupó bajo nombres independientes. Georgetown (Es Castell) recibió su propio ‘bailey lieutenant' (magistrado) para que se encargara de patrullar la ciudad que siempre había estado bajo la jurisdicción de Mahón. Ahora todas las calles de las ciudades tenían nombres y las casas números. Algunos de estos números pueden verse todavía en algunos distritos.

Para aliviar la perpetua escasez de comida de Menorca, Stuart concedió inmediatamente permisos a los corsarios menorquines. Los buques corsarios eran barcos de propiedad privada provistos de una Patente de Corso que les autorizaba a interceptar un barco perteneciente a cualquier país con el que su rey estuviera en guerra. Su presa eran los buques mercantes con cargamentos preciosos. Los corsarios menorquines podían ser útiles para capturar barcos franceses cerca de la costa de manera que "el primer acto de la autoridad real fue restaurar los buques menorquines, quitando todos los gravámenes sobre importaciones, permitiendo un comercio libre con nuestros aliados en lugar de imitar la conducta de los españoles bajo Crillon que encarcelaba individuos y confiscaba la propiedad de aquellos que eran amigos o colaboraban con el anterior gobierno…dichos Menorquines fueron liberados sin excepción en sus personas y posesiones y recibieron todos los derechos y privilegios como súbditos británicos".

"Para concluir este tema, tengo razones para creer que las medidas adoptadas han sido en general bien recibidas y como prueba de esta afirmación, no han sido seguidas de petición o representación de ningún tipo sino que al contrario se han recibido todas las ayudas para llevarlas a ejecución".
Un menorquín que ofreció sus servicios fue el abogado Nicolás Orfila, el asesor penal, que supervisó las leyes civiles y la nueva constitución. Stuart aumentó su salario pocos meses después en apreciación de la aceleración de Orfila en los casos legales de la isla que habían sido sometidos a largos y ultrajantes retrasos. Orfila también reprendió a los jurados (consejeros) por no haber jurado lealtad a Jorge III, por no haber preparado la información sobre el monopolio del brandy y por no haber presentado sus cuentas a tiempo. 4

Otras de las primeras medidas de Stuart fueron establecer un Tribunal del Almirantazgo para conceder pases a los comerciantes menorquines y decidir sobre los buques capturados y botines. Tenían que cumplir las normativas de los Tribunales del Almirantazgo en Gran Bretaña por una ley del parlamento de 1793. Apenas seis semanas después de su llegada, Stuart se sintió capaz de escribir a Lord Dundas: "Tengo la satisfacción de informarle de que los departamentos del gobierno civil que eran absolutamente necesarios para la realización de los asuntos públicos ya han quedado establecidos, que se ha formado un Tribunal del Almirantazgo, que 14 corsarios menorquines zarparán en breve de este puerto y que el interior de la isla está en un estado de perfecta tranquilidad". 5

Y en dos meses, el puerto de Mahón rebosaba de nuevo de actividad y trabajo. Los corsarios menorquines, navegando bajo la protección de la bandera británica, traían cada día botines de los barcos franceses. Durante meses, la isla estuvo bien provista de aceite, vino y trigo capturado por estos entusiastas marinos menorquines. A principios de marzo de 1799, se levantó el embargo de tiempo de guerra sobre la navegación y los barcos eran libres de entrar y salir del puerto de Mahón.

Barcos en el puerto,
Soldados en las colinas,
Pan en la mesa y
Dinero en el Banco.

Notas

1 Archivos de Alaior , Carpeta no. 28, 26 Mayo 1798-12 Octubre 1799
2 El resumen completo puede verse en los archivos de Alaior. Legajo II, nž 35
3 Hernandez Sanz. “Compendio de Geografía e Historia de la Isla de Menorca” p.374
4 Archivos de Mahón, Universidad 161
5 WO1/297

Puerto de Mahón con el Castillo de San Felipe.
Gracias al Museo Hernandez Sanz, Mahon.

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