Exit Britannia

Por Janet Sloss

BONAVENTURA
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Capitulo 5

EXIT BRITANNIA

La Ultima Conquista de Menorca 1798 - 1802

© 2002 Bonaventura Press

  Capitulo 1 Capitulo 5 Capitulo 9
Introduccion Capitulo 2 Capitulo 6 Capitulo 10
Agradecimientos Capitulo 3 Capitulo 7 Capitulo 11
Bibliografia Capitulo 4 Capitulo 8 Capitulo 12

Capitulo 5

Aunque le concedieron un permiso para regresar a casa por motivos de salud, Sir Charles Stuart no fue directamente a Inglaterra. Cuando llegaron al puerto de Mahón dos regimientos de Irlanda a comienzos de marzo de 1799, Stuart zarpó con ellos para Sicilia, dejándoles allí para que defendieran el puerto de los franceses mientras él recorría la isla a caballo, mezclándose con la gente de las montañas. Le parecieron muy independientes, trabajadores y anti-franceses. Contrató 2.000 hombres inmediatamente como soldados británicos y recomendó que los sicilianos formaran en "grupos de partisanos o guerrilleros para defender sus propiedades por ser más útiles de este modo que como cuerpos de soldados". Esto era de una gran perspicacia para la estrategia militar de la época.

A continuación zarpó para Malta para evaluar su situación. Encontró a sus habitantes muy pro-ingleses y consideró que 4.000 hombres serían suficientes para derrotar a los franceses. De vuelta a Palermo, consiguió el combustible necesario para las obras de Menorca y regresó a Mahón el 13 de abril. "Había hecho más en seis semanas por la política militar de Inglaterra que todo el gabinete en seis años", dice el historiador J.W. Fortescue. Stuart zarpó para Inglaterra a finales de abril de 1799, dejando órdenes explícitas para el gobierno de la isla y su defensa con St John Erskine como teniente gobernador. A bordo del Cormorant, el 5 de mayo, escribió un largo y detallado informe para el Departamento de la Guerra de Londres sobre las mejoras que había introducido en el gobierno de Menorca y su defensa.Se pidió al Almirante St Vincent que entregara a Stuart la insignia de la Orden del Baño, la condecoración más importante de Inglaterra, pero Stuart quiso devolverla "ya que me supondría un considerable grado de inconveniencia para mi persona tanto como militar que como particular". Como Richard Kane, era un hombre muy modesto. De vuelta a Inglaterra, siguió escribiéndose con Erskine sobre los problemas de Menorca y su último mensaje llegó desde la ciudad balneario de Bath donde esperaba curarse. En él hacía referencia a cambios a introducir en la Cámara del Almirantazgo de Mahón. Charles Stuart murió en Richmond, Surrey, dos años más tarde.
En cuanto Erskine ocupó su cargo, recibió noticias de Mallorca y Barcelona de que los españoles estaban haciendo grandes preparativos militares, presumiblemente para retomar Menorca. Los corsarios trajeron las noticias de que 21 barcos franceses de línea, varias fragatas y otros barcos pequeños, por un total de 35 barcos, habían atravesado el estrecho de Gibraltar el 5 de mayo y varios días más tarde, que la flota estaba a 30 millas al norte de Mallorca. A la flota española se uniría otra francesa de Tolón. Batallones de tropas españolas estaban siendo enviados a Mallorca, a donde llegaban municiones y provisiones desde Barcelona. Los rumores abundaban. La flota del Comandante Duckworth estaba en el puerto de Mahón y la escuadra del Almirante St Vincent llegó el 20 de mayo, sumando un total de 20 barcos de línea.

Erskine siguió las órdenes de Stuart de colocar un regimiento dentro de la nueva línea en San Felipe y dos regimientos más a tres millas de distancia en el Camino de Kane. Parte de otro regimiento formaba la guarnición de Ciudadela y el resto estaba acuartelado en Alaior. En julio, sin embargo, era evidente que las flotas francesa y española habían pasado Menorca de largo y navegaban hacia el este. El Almirante Keith, al que se le unió una escuadra comandada por Sir Charles Cotton, se hizo de nuevo a la mar con un contingente de 31 barcos de línea, ya que Nelson le había pedido que le ayudara a tomar Nápoles. A principios de agosto estaban de vuelta en Mahón pero el 16 de agosto, noticias fiables de Barcelona decían que la toma de Menorca por los españoles había sido abandonada.

Erskine escribió a Nelson para pedirle que enviara de vuelta a Menorca los dos regimientos británicos que estaban en Messina, pero Nelson tenía sus propios planes. "Cuando los bribones de los franceses sean arrojados del reino (de Nápoles), enviaré inmediatamente una parte de esta escuadra a Lord Keith, ya que espero tomar Porto Ferrajo, Civita Vecchia, etc., con solo una parte de esta escuadra". A Erskine le pareció un exceso de optimismo. "Estaré muy complacido si Lord Nelson tiene éxito en sus proyectos presentes y futuros, pero… la amplitud de sus planes parecen estar muy por encima de sus medios".

Los corsarios traían otras noticias. Los marinos menorquines que eran atrapados en el mar por los franceses no eran tratados como prisioneros de guerra. Erskine escribió al Capitán General de Cataluña quejándose de esto y diciendo que enviaría un barco con una bandera blanca para intercambiarlos ya que eran súbditos de su Majestad. El Capitán General replicó que no los devolvería pero que los trataría con humanidad.

Fue un verano extremadamente ajetreado para Erskine ya que el tráfico marítimo diario de Mahón exigía una vigilancia constante y decisiones instantáneas. Una poderosa escuadra inglesa de 32 barcos de guerra, 12 fragatas, transportes y barcos más pequeños como los corsarios menorquines o cúters que partían con avisos urgentes – todos ellos entraban y salían del puerto diariamente para repostar agua y provisiones, reparar mástiles y velas y descargar prisioneros de guerra. Entraban tantos barcos en el puerto que el agua potable casi se agotó y hubo que abrir un nuevo manantial en Cala Padera.

En agosto, llegaron casi 8000 soldados de diferentes servicios. No se tardó en ver caras nuevas en la isla: realistas franceses que huían del terror republicano en su patria, Corsos, Sicilianos, tropas italianas y británicas. Erskine tenía que dirigir no sólo la reparación y avituallamiento de los buques, la transferencia de hombres de un barco a otro sino también la descarga de enfermos y heridos, mujeres y niños que tenían que recibir cuidados en el hospital o ser alojados y alimentados. El hospital y los cuarteles permanecían abarrotados. Los menorquines miraban en silencio desde sus ‘boinders’ el paso de los soldados con sus uniformes de colores entre los que se contaban prisioneros "desarrapados y hambrientos".

Erskine alistó un cuerpo de 100 soldados de Córcega, pensando que "los Corsos están peculiarmente adaptados al servicio de tropas ligeras, no sólo por su habilidad y constante práctica como tiradores sino por su actividad y forma de vida… estoy convencido de que serán excelentes soldados, y muy útiles para impedir el avance de un enemigo en esta isla donde la superficie del país está tan fragmentada y rodeada de muros y barrancos". En las colinas se podía escuchar ahora el sonido de sus prácticas constantes de tiro.

Aquel verano llegaron noticias amenazantes. La peste había estallado en Marruecos, Argelia y Gibraltar. En julio, el cónsul inglés en Argel escribió a Erskine que la Peste estaba haciendo estragos al oeste del país y que la mortalidad en Orán era de 70 personas al día. Inmediatamente, se impuso en Mahón una cuarentena de quince días, incluyendo a los barcos de América. Ni Stuart ni Erskine habían estado satisfechos con la organización de las normas sanitarias en el puerto de Mahón. En mayo, Erskine escribió a los jurados de Mahón: "Me han informado de que la negligencia más escandalosa y vergonzosa prevalece en la administración del Departamento de Sanidad de este puerto y temiendo por las fatales consecuencias que ello pueda tener sobre la seguridad de las personas y las consecuencias que dicha conducta pueda tener sobre el comercio del país, debo pedirles que tomen sin retraso medidas urgentes y que nombren a una o más personas para que supervisen este asunto y sean responsables del estricto cumplimiento de la ley; y exijo que me informen del asunto en veinticuatro horas". 1

No hubo mejoras inmediatas. Los capitanes de los barcos ingleses se quejaban constantemente de su cuarentena o de la falta de la misma. Durante todo el otoño, Erskine trató de aplicar las normativas sin éxito. Cuando Fox llegó en diciembre, en una de sus primeras cartas a los jurados de Mahón se quejaba de la irregularidad de llevar a la práctica las normas de la cuarentena. "Cuando entré en el puerto en la fragata, el Práctico que llegaba de George Town en una pequeña embarcación con solo un par de remos, una vez en cubierta, en lugar de hacer las preguntas que su oficio requiere, se limitó a inquirir cuánto le daríamos por su trabajo. Recomiendo que se ponga a un hombre de más responsabilidad y respeto para desempeñar esa tarea con un salario suficiente que le permita desempeñar este oficio con dignidad y si se considera necesario, se le asigne ayuda militar, como un guardia, o un sargento, tras solicitarlo". 2

Los barcos salubres no eran su única preocupación sanitaria. Cuando se trasladó a la casa del gobernador en Mahón, estaba disgustado por el estado de las calles. Su secretario, Charles Viale dijo a los magistrados: "Su Excelencia me ordena decirles que ha observado en varias calles de Mahón que hay riadas de desperdicios y animales muertos lo que es algo inaceptable y debe ser limpiado inmediatamente". Pero dos días más tarde, Fox les dijo en persona que el pasaje junto a su casa, que conducía al puerto, era un perfecto vertedero, que la reciente inundación había depositado mucha porquería y que debía ser limpiado inmediatamente y mantenido en buen estado. Cuando vio cerdos en la calle, Fox amenazó con multas o con confiscarlos y ordenó que cada propietario barriera el frente de su casa al menos dos veces por semana. Esta práctica continúa hasta el día de hoy.3

No se repitieron los problemas de escasez de barracones y de comida durante esta tercera ocupación Británica. Erskine alojó a las tropas en tiendas en los campos o establecía cuarteles temporales en San Felipe. El resto estaba alojado en el Convento del Carmen, en la iglesia de San Antonio o en el mercado. Ordenó que se importara ganado vivo en cada buque de transporte, 1000 bueyes de una vez, en lugar de comprar carne a los granjeros locales. Y no hay informes de peleas entre soldados y menorquines que llenaban los informes del consejo en los primeros tiempos. Era una ocupación bien organizada.

Notas

1 Archivos de Mahón, Universidad 147
2 Para una descripción de los efectos de la Peste, ver “Richard Kane, Gobernador de Menorca”, pp. 181-182. Afortunadamente, Menorca se libró de la peste esta vez.
3 Archivos de Mahón, Universidad 147

“Un mástil roto”
Gracias al Museo Hernandez Sanz, Mahon.

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