Exit Britannia

Por Janet Sloss

BONAVENTURA
PRESS

Capitulo 7

EXIT BRITANNIA

La Ultima Conquista de Menorca 1798 - 1802

© 2002 Bonaventura Press

  Capitulo 1 Capitulo 5 Capitulo 9
Introduccion Capitulo 2 Capitulo 6 Capitulo 10
Agradecimientos Capitulo 3 Capitulo 7 Capitulo 11
Bibliografia Capitulo 4 Capitulo 8 Capitulo 12

Capitulo 7

Cualquiera que esté familiarizado con las diversas administraciones británicas en Menorca durante el siglo dieciocho estará al tanto de la intensa hostilidad hacia los ocupantes protestantes por parte de la iglesia católica, que llegó a extremos extravagantes con tal de mantener su poder. Charles Stuart se enfrentó abiertamente a este "nuevo y delicado tema de la iglesia". A su llegada, declaró que "la ayuda y protección de la religión existente será uno de los principales asuntos del gobierno de Su Majestad", pero… y era en verdad un gran pero, con los siguientes matices: "todos los asuntos espirituales serán dejados a la iglesia en consulta con su Santidad el Papa por mediación del gobierno de Su Majestad; lo que se refiere a los asuntos penales y personales del clero serán de ahora en adelante regulados; se solicitará a su Santidad el Papa que separe la diócesis de Menorca de la de Valencia; y los dignatarios eclesiásticos serán recomendados por el obispo y nombrados por el gobernador". De todas estas cuestiones, se hizo responsable el propio Stuart. Después de retrasarlo todo lo que pudo, el Obispo Vila acudió a Mahón para jurar lealtad al rey británico, con la presencia de oficiales ingleses y magistrados menorquines para dar testimonio de este acto obligatorio.

Las condiciones que Stuart puso para admitir la jurisdicción eclesiástica del obispo eran las siguientes:
1. "Que usted detente el Obispado de Menorca bajo su Majestad Jorge III, sujeto en todos los asuntos civiles a su autoridad y a la intervención del gobierno británico.
2. "Que ya no acepte la supremacía del Arzobispo de Valencia, sino que someta todas las transacciones espirituales que exijan referencia o sanción superior (a través del representante de su Majestad) a la Santa Sede de Roma.
3. "Que renuncie a todas las pensiones de la corte de Madrid y se abstenga de correspondencia y comunicación con la península de España, dejando que sea el gobierno de su Majestad quien reclame dichas sumas que periódicamente le sean debidas del dinero tomado de Menorca por su Muy Católica Majestad, y asignadas para el aumento de los ingresos de su obispado. 4. "Después de haber cumplido esta parte de mi trabajo, me apresuro a asegurarle, Ilustrísimo Señor, que es mi más sincero deseo ser testigo de su celo y capacidad para ejercer sus sagradas funciones aquí, en la confianza de que en el curso de su visita a este lugar inculque los auténticos principios de la fe cristiana y convenza a sus paisanos justamente de que la protección de su sagrada religión y la felicidad de sus habitantes es el principal objeto de mi administración y el sincero deseo de mi corazón".
Firmado, Charles Stuart.

En una carta formal, el obispo replicó: "El objeto de mi llegada es sólo tener el honor de proclamar el juramento de fidelidad que debemos a su Británica Majestad en su persona, requiriéndome que haga este acto religioso con la mayor solemnidad y distinción tal como lo requiere el Episcopado." 1

Plenamente consciente de su hostilidad, Stuart envió toda su correspondencia con el obispo al Secretario de la Guerra en Londres, diciendo: "…si la insensatez y el dominante espíritu de Su Reverencia perturbaran la tranquilidad de la isla tras mi partida, repito, tras mi partida, y si se desviara una sola sílaba de las promesas hechas en mi presencia mientras estoy yo aquí, le enviaré sin vacilación a España." 2 Stuart confinó al Obispo en Ciudadela y cuando el obispo hizo varias objeciones, se negó a darle permiso para ir a Londres a quejarse, a lo que el obispo respondió solicitando permiso para que fuera su representante, lo que le fue también denegado.

No es sorprendente que los Ingleses se encontraran con tan obstinada oposición de la iglesia católica en aquella época. En comparación con el civilizado avance de la Ilustración (pensamiento libre de superstición y prejuicios) en otros países europeos, España era el epítome del atraso y la superstición. Después del ajusticiamiento de Luis XVI, el sentimiento antifrancés y antirrevolucionario se adueñó de España. Los liberales y progresistas eran considerados traidores y obligados a huir del país. Para añadir leña al fuego, el rey trató de llenar las vacías arcas del tesoro confiscando las tierras y bienes de la iglesia. El Gobernador Erskine comunicó a Londres: "En el último correo que he recibido de España, he sido informado de que la corte se ha apoderado de todas las tierras pertenecientes a hospitales, órdenes de caridad, órdenes religiosas y colegios principales. Los bienes serán vendidos y el producto aplicado a usos del estado y el tesoro real asignará a los antiguos propietarios un interés del 3 por ciento sobre la cantidad del producto. También me ha comunicado un menorquín recientemente huido de Mallorca, que la venta de los bienes ya ha comenzado en esa isla, que las órdenes regulares han sido confinadas en sus conventos y jardines y que él mismo ha visto 150 casas y 10 o 12 granjas sacadas a subasta".

"El Rey también ha reducido a cuatro el número de prebendas de cada capítulo y se ha quedado con el producto del resto. Dejo a su consideración cuánto puede afectar estos cambios extraordinarios al estado interno de ese reino, sobre todo cuando consideramos la desmesurada influencia del clero y en particular de los monjes de las diferentes órdenes, sobre las mentes de la gente. Y no cabe duda de que se sentirán agraviados por tan violento y repentino ataque a sus intereses y poderes".

El Obispo Antoni Vila, nombrado el año anterior, tenía la batalla perdida de antemano, al llevar con él a una isla gobernada por ingleses toda la intolerancia y ansia de poder de la iglesia en la península. Fue incluso autorizado a reintroducir la inquisición que había sido abolida en Menorca por el Gobernador Kane en 1715. Bajo un gobierno español, el clero siempre había sido gravado con impuestos pero nunca los había pagado con un pretexto u otro. Stuart abordó el problema ordenando al obispo, rectores y conventos más ricos contribuir anualmente con ciertas sumas fijas para el mantenimiento del Hospital de Huérfanos, a lo cual nadie se podía oponer. El obispo consintió y dijo haber pedido a los rectores que pagaran las contribuciones, pero éstos dijeron a la gente que la religión católica estaba en peligro por ello y que cualquiera que exigiera contribuciones al clero sería excomulgado. El obispo hizo como que no se había enterado pero siguió diciendo al clero que no pagara impuestos ni aceptara órdenes del gobierno civil de la isla. "La autoridad eclesiástica está por encima de la ley común".

Al pedir a los rectores y conventos más ricos que contribuyeran al mantenimiento del orfanato en lugar de pagar impuestos seculares, Stuart pretendía que: "se eliminara todo motivo de envidia por una parte y que por otra no hubiera motivo para estar insatisfechos ya que se dispensaba a los conventos de monjas más pobres de cualquier contribución y se demostraba al clero las ventajas que la iglesia había obtenido con el establecimiento de un obispado menorquín y trece prebendados, excluyendo a todos los españoles de la península del capítulo en el futuro y que la sucesión a estos puestos (dignidades) de ahora en adelante fuera derecho único de ellos".

El obispo siguió desobedeciendo las órdenes de Stuart. Una pequeña iglesia de Mahón, San José, había sido requisada para uso de la guarnición. Se había utilizado para este propósito antes de 1771. Después de muchos retrasos, fue entregada al fin pero cuando se quitó una imagen de la virgen, fue llevada en procesión pública y el obispo concedió indulgencias a todo aquel que asistiera a la misma, "particularmente a aquellos que llevaran velas encendidas" para condenar este blasfemo acto.

En otro intento de despertar la ira de la gente contra los heréticos invasores, el obispo canceló en 1800 las procesiones religiosas y las fiestas, inmediatamente después de la llegada de Fox. Se habían popularizado en España varios años antes como respuesta al republicanismo anti católico de Francia. Cuando los magistrados dijeron que no tomarían parte en las fiestas y procesiones, Fox les dijo que sentía el mayor respeto por todas las antiguas costumbres menorquinas, que no hacían mal a nadie y que no sólo no las suspendería sino que esperaba que los magistrados asistieran porque "nada puede mantener la diversión del pueblo dentro de los límites correctos como la presencia y continencia de sus superiores".

Fox, sin embargo, perdió los estribos con Vila. Mientras Sir Charles Stuart hubiera repetido simplemente que el Obispo había acatado sus normas, Fox mantuvo la querella viva con una correspondencia constante, no sólo con el obispo sino con el ministro de la guerra en Londres. En febrero de 1801, escribió a Lord Dundas, "Lamento… molestarle con un relato tan largo sobre el Ilustre Obispo de Menorca, pero como parece aprovechar cualquier oportunidad para enfrentarse al gobierno civil de la isla e impedir el curso ordinario de la ley y la justicia, he creído necesario presentarle… un estado de todas las transacciones con él desde el día de la partida de Sir Charles Stuart. Confío por mi parte, haber dado todos los signos de apoyar a su dignidad en todas las pretensiones justas a las que su cargo autorizaba". 3

En marzo, suspendió al obispo y dijo a Orfila, el inspector civil, que sometiera la obediencia del obispo al decreto original añadiendo que el asunto sería arreglado ante un tribunal británico, no eclesiástico.

En junio, cuando el obispo fue visto saludando a barcos franceses y españoles, la paciencia de Fox llegó al límite. Escribió a Londres: "… a menos que se tomen ciertas medidas respecto al obispo de Menorca, será imposible seguir con el gobierno de su Majestad y en realidad, nada, salvo el natural buen carácter, amor por el orden y la decencia y buena disposición general de la mayor parte de los menorquines de todas las clases han permitido que las cosas funcionen hasta ahora. Todo acto del gobierno, tanto civil como militar, es presentado por el obispo y sus seguidores entre el clero de la manera más odiosa, ya sea como socavando la religión del país o como perjudicial para el bienestar de sus habitantes, la mayor parte de los cuales se mantiene en perpetua aprensión por terror a la excomunión; y constantemente les dice que la isla, si no es reconquistada, debe ser inevitablemente cedida a España en caso de que se firme la paz." 4

En julio de 1801, Fox sintió alivio al enterarse de que el Rey Jorge había dado permiso al obispo para acudir a Inglaterra. Sin embargo, Vila anunció que iría pasando antes por Roma, "ya que es más seguro" y pidió a todos los menorquines que contribuyeran a los gastos de su viaje. No todos los rectores estaban de acuerdo. Uno escribió al obispo, que "en esta ciudad, el ejercicio de nuestra sagrada religión es perfectamente libre y no tengo el menor indicio… que me haga pensar que está en peligro en parte alguna de la isla. Al contrario, estoy informado de que el deseo del comandante en jefe ha sido permitir por todos los medios que el ejercicio de nuestra religión…no sea perturbado… Sobre esta base, me parece que con la exhortación y la petición pública que su reverendo me ha ordenado hacer, no sólo alarmaría a la gente sino que me haría indisponerme con el gobernador. Le ruego me excuse". La respuesta del obispo fue inmediata. "Ejecute con exactitud la orden que le he transmitido". Nombró al Doctor Bartolomé Taltavull vicario general temporal, ordenándole oponerse a todo poder civil y perseguir a cualquier individuo que lo apoyara. Nicolás Orfila embargó inmediatamente los fondos de la iglesia pero el obispo partió el 2 de agosto con dinero y permisos.

Los problemas con el obispo no terminaron con su partida de la isla. A finales de 1801 y de nuevo al principio de 1802, escribió desde Londres que el Rey Jorge había anulado todo lo que Stuart y Fox habían ordenado sobre él. Sus seguidores no tardaron en celebrar esta falsa noticia en público.

Notas

1 WO1/296 “L’objet de mon arrivee n’est autre que d’avoir l’honneur de preter le serment de fidelite que je dois a Sa Majeste Britannique entre vos mains, exigeant mon caracter de faire cet acte de religion avec la plus grande solemnite et avec tout l’eclat qu’exige l’Episcopat.”
2 WO1/297
3 WO1/299
4 WO1/299

Contralmirante Horatio Nelson
postre Hoppner, 1801 Colleccion James Maps, Mahon

Emma, Lady Hamilton

Este libro es disponsible tambien en formato .pdf (13Mb) para imprimir aqui.